domingo, 4 de diciembre de 2011

En memoria de Agustin (el de Hoya Andrea)

Por Esteban Rodriguez Garcia el 2 Diciembre de 2011 en la Iglesia de Lomo de los Frailes.

Agustín García Gil un hombre “Entusiasta”

Cuando fallece una persona que puede ser tu padre, tu hermano, o un amigo, y lo hace después de una larga enfermedad o después de una larga vida, solemos expresarnos aceptando la situación, incluso agradecemos que ocurriera porque estaba muy mal, porque dejo de sufrir, porque ya estamos tranquilos sin sobresaltos, sin molestias.

Bien, es humano, es socialmente aceptado, pero no podemos simplificarlo. No, porque nos des-humanizamos, no debemos perder la perspectiva de que es el desenlace de un ser humano y no podemos cortar los vínculos que nos unen, como tampoco olvidar los esfuerzos realizados por esa persona que se va y que han hecho posible que tú estés ahí ahora en un determinado estado social y vital. ¿Cuanto se lleva, cuanto ha dejado atrás?


Recordar a Agustín, no es más que un ejercicio de Amor, un acto honesto de reconocimiento a sus valores, y de tolerancia a sus defectos, que de igual manera ambos te enseñan dejando una huella que te orienta sobre el camino a elegir.

Es obligado reflexionar en ese momento de la muerte, pues sus conclusiones alimentan y dan sentido a la vida, reconducen conductas erróneas y fortalecen principios y valores que pudieran estar en crisis o meramente dormidos.

Ninguna muerte debe dejarnos impasibles. Ninguna muerte debe ser una más, sin más, porque estaríamos despreciando el bien más preciado del ser humano,”La Vida”, y solo la vida después de la vida. ¿Por qué si no, seguimos existiendo después de millones de años?

La muerte es un acto de reconciliación con la vida, aunque llores la muerte por lo que implica el desenlace físico que supone, debes alegrarte por los años, las vivencias, la experiencia y el Amor compartido. Todas estas circunstancias que provocan esa alegría, son el alimento que nutre la vida.

Recordar las vivencias de Agustín, es para algunos como mirarnos ante el espejo. Como no recordarlo organizando las Fiestas del Barrio, recorriendo las calles animando e implicando a sus vecinos, visitando los centros oficiales con una carpeta de peticiones debajo del brazo, siempre convencido de que teníamos que luchar por un barrio, un distrito una ciudad mejor. Y eso lo hacía en muchas ocasiones abandonando el trabajo que le daba de comer, dejando a su propia familia en segundo lugar.

Es fácil hablar bien de quién se muere, sobre todo cuando es alguien tan especial como Agustín, pero también hay que reconocer los momentos duros de las personas que han estado a su lado y han sabido soportar adversidades.

Encarna……..Cuantas noches de espera, cuantas horas de soledad, seguro le perdonabas siempre, porque sabias que te compartía con otras muchas familias que necesitan su colaboración y su apoyo.
Aní, Ángeles, Sonia…….. seguramente muchas veces dolía ver que compartían padre con otros vecinos u otras gentes que ni siquiera ustedes conocían, pero seguro les compensaba cuando veían la ilusión que le hacía a él, ver las caras alegres de tantos niños a los que les llevaba un regalo o les organizaba una fiesta.

Como nos aguantan los hijos y sobre todo nuestras parejas, Claro y luego llegaba tan entusiasta, tan convencido de lo que estaba haciendo, que incluso les involucraba en sus ideas sociales en su pelea contra la desigualdad, en su lucha por los más desfavorecidos. “Venga y todos a trabajar”.

Agustín fue un hombre modesto y humilde que tenia la virtud de la palabra sencilla, la palabra amable, la palabra que convencía, que llegaba, que transmitía sentimiento.

Y a él y a todos los que nos identificamos con su causa, va dedicado este modesto poema.

Quien valora unas palabras, quién es capaz de observar la luna o las estrellas durante unos minutos y soñar, quién considera a sus semejantes o simplemente cuida con afecto a un animal, es un ser que tiene recursos sobrados para Amar.

Y a pesar de que todos nos vamos a marchar, prevalece el amor, es como el sol que permanece en constante combustión, llega la noche y a la mañana vuelve el sol, pasan las nubes y vuelve el sol, Llueve y vuelve el sol y además la semilla fecundada en sus ansias de crecer busca el sol, igual que la vida, igual que el Amor.

Agustín, tu marcha precipitada nos duele en el alma pero también nos reconforta reconocer de forma sincera y sentida el haber compartido parte nuestra vida contigo.

Que cosas verdad, un acto de muerte, cuanta vida produce, cuanta alegría rememora, cuanta enseñanza acumula, cuanto Amor soporta.